El
arte múltiple de Pol Borras
Pol Borras es un artista de muchos registros. Lo ha demostrado ya
a lo largo de más de veinte años de carrera, y con cada nueva exposición
sorprende su capacidad por convertir en un sugerente motivo pictórico,
algunos detalles o fragmentos de paisajes, que escapan a nuestra
mirada saturada de imágenes. Para él, el mundo que le rodea, es
un estimulo permanente, tanto si se encuentra en su ciudad natal,
Barcelona, como en la villa marinera de Sitges donde pasa largas
temporadas, o bien en una isla caribeña. Quiero decir con esto,
que Pol Borras está siempre atento a lo que le rodea, intuyendo
enseguida que lo que tiene ante los ojos, sea un simple pavimento
de la calle o el reflejo de un espejo, puede transformarse en un
cuadro singular con vida propia.
Viajando por la isla de Cuba, Pol Borras ha sabido captar una serie
de vistas nada inocentes, que centran uno de los cuatro ámbitos
de la muestra que ahora se presenta. En estos cuadros el joven artista
huye de los tópicos al uso, y llama nuestra atención sobre algunas
escenas de la realidad que le impactó. Por poner un ejemplo, podemos
ver aquí una calle de Santiago de Cuba transitada por un ciclista
solitario, que dobla una esquina bajo la mirada atenta de uno de
los inevitables guardias de seguridad, tan presentes en la isla.
En este caso Pol Borras ha conseguido plasmar en su pintura lo que
el fotógrafo Henri Cartier-Bresson llamaría "el instante decisivo".
No queremos decir con ello, que su obra se acerque al fotoperiodismo,
sino poner de manifiesto la capacidad del artista para percibir
lo esencial de una situación determinada por el azar. De hecho cada
uno de sus cuadros es un fragmento del tiempo detenido y las cualidades
de su pintura sirven precisamente para materializar ese momento
concreto.
Otra característica del quehacer de Pol Borras, es su habilidad
para adaptar su lenguaje al tema elegido previamente. Así, para
evocar las fachadas mugrientas y desconchadas de los viejos palacios
de La Habana, practica una pintura refinada y llena de matices en
la mejor tradición de lo que llamaríamos el realismo mágico. En
este sentido resulta muy relevante la serie de los espejos, en los
que, mediante tonalidades apagadas y un hábil juego óptico, refleja
con maestría la atmósfera decadente del lugar. Pol Borras recurre
a menudo a los efectos de la textura, como por ejemplo, cuando quiere
acentuar la oscuridad de la noche, en contraste con las luces de
los coches o los rótulos de los bares de una animada calle de La
Habana. Algo diferente se nos antoja la vista luminosa del pueblo
de Cojímar donde Ernest Hemingway escribió El viejo y el mar, o
los horizontes marinos recreados por su paleta desde la Blanca Subur.
Es interesante observar en la serie de marinas, que configuran el
segundo conjunto más importante de la exposición, cómo la contemplación
del movimiento del agua, acaba configurando una imagen casi abstracta,
mediante pinceladas tan sutiles como transparentes.
El estudio de la luz, es otro aspecto que conviene destacar aquí,
ya que adquiere en algunos cuadros un protagonismo verdaderamente
especial. La luz del alba sobre el Mediterráneo captada con bellos
tonos naturales o la luz crepuscular traducida en la tela con colores
voluntariamente artificiales, como si el artista quisiera retratar
un paisaje imaginario de cualquier galaxia. El artista sabe muy
bien trabajar su paleta para sacar provecho de las posibilidades
expresivas de cada pincelada. Pol Borras demuestra aquí, con todas
estas obras, la facilidad con la que puede pasar de un género a
otro, cambiar de gama cromática, jugar con la composición, matizar
la pincelada para evocar con idéntica soltura el ajetreo de los
trenes en la estación de Francia, el ambiente melancólico de una
vieja mansión abandonada por sus antiguos moradores, o el reflejo
mágico de un charco tras la caída de la lluvia. La pintura es para
Pol Borras un inmenso espejo, en el que refleja sus distintas visiones
de la realidad, percibidas a través del filtro de su peculiar sensibilidad
Marie-Claire Uberquoi Abril de 2003