POL BORRAS del 23 de Mayo al 13 de Junio de 2003

 

El arte múltiple de Pol Borras
Pol Borras es un artista de muchos registros. Lo ha demostrado ya a lo largo de más de veinte años de carrera, y con cada nueva exposición sorprende su capacidad por convertir en un sugerente motivo pictórico, algunos detalles o fragmentos de paisajes, que escapan a nuestra mirada saturada de imágenes. Para él, el mundo que le rodea, es un estimulo permanente, tanto si se encuentra en su ciudad natal, Barcelona, como en la villa marinera de Sitges donde pasa largas temporadas, o bien en una isla caribeña. Quiero decir con esto, que Pol Borras está siempre atento a lo que le rodea, intuyendo enseguida que lo que tiene ante los ojos, sea un simple pavimento de la calle o el reflejo de un espejo, puede transformarse en un cuadro singular con vida propia.
Viajando por la isla de Cuba, Pol Borras ha sabido captar una serie de vistas nada inocentes, que centran uno de los cuatro ámbitos de la muestra que ahora se presenta. En estos cuadros el joven artista huye de los tópicos al uso, y llama nuestra atención sobre algunas escenas de la realidad que le impactó. Por poner un ejemplo, podemos ver aquí una calle de Santiago de Cuba transitada por un ciclista solitario, que dobla una esquina bajo la mirada atenta de uno de los inevitables guardias de seguridad, tan presentes en la isla. En este caso Pol Borras ha conseguido plasmar en su pintura lo que el fotógrafo Henri Cartier-Bresson llamaría "el instante decisivo". No queremos decir con ello, que su obra se acerque al fotoperiodismo, sino poner de manifiesto la capacidad del artista para percibir lo esencial de una situación determinada por el azar. De hecho cada uno de sus cuadros es un fragmento del tiempo detenido y las cualidades de su pintura sirven precisamente para materializar ese momento concreto.
Otra característica del quehacer de Pol Borras, es su habilidad para adaptar su lenguaje al tema elegido previamente. Así, para evocar las fachadas mugrientas y desconchadas de los viejos palacios de La Habana, practica una pintura refinada y llena de matices en la mejor tradición de lo que llamaríamos el realismo mágico. En este sentido resulta muy relevante la serie de los espejos, en los que, mediante tonalidades apagadas y un hábil juego óptico, refleja con maestría la atmósfera decadente del lugar. Pol Borras recurre a menudo a los efectos de la textura, como por ejemplo, cuando quiere acentuar la oscuridad de la noche, en contraste con las luces de los coches o los rótulos de los bares de una animada calle de La Habana. Algo diferente se nos antoja la vista luminosa del pueblo de Cojímar donde Ernest Hemingway escribió El viejo y el mar, o los horizontes marinos recreados por su paleta desde la Blanca Subur. Es interesante observar en la serie de marinas, que configuran el segundo conjunto más importante de la exposición, cómo la contemplación del movimiento del agua, acaba configurando una imagen casi abstracta, mediante pinceladas tan sutiles como transparentes.
El estudio de la luz, es otro aspecto que conviene destacar aquí, ya que adquiere en algunos cuadros un protagonismo verdaderamente especial. La luz del alba sobre el Mediterráneo captada con bellos tonos naturales o la luz crepuscular traducida en la tela con colores voluntariamente artificiales, como si el artista quisiera retratar un paisaje imaginario de cualquier galaxia. El artista sabe muy bien trabajar su paleta para sacar provecho de las posibilidades expresivas de cada pincelada. Pol Borras demuestra aquí, con todas estas obras, la facilidad con la que puede pasar de un género a otro, cambiar de gama cromática, jugar con la composición, matizar la pincelada para evocar con idéntica soltura el ajetreo de los trenes en la estación de Francia, el ambiente melancólico de una vieja mansión abandonada por sus antiguos moradores, o el reflejo mágico de un charco tras la caída de la lluvia. La pintura es para Pol Borras un inmenso espejo, en el que refleja sus distintas visiones de la realidad, percibidas a través del filtro de su peculiar sensibilidad

Marie-Claire Uberquoi Abril de 2003


¡Pare! (92 x 65 cm.) Oleo/tela.



Interior amb mirall (73 x 54 cm.) Oleo/tela.


Nen a Cojimar (50 x 65 cm.) Oleo/tela.

Tres Generacions (80 x 122cm.) Oleo/tela.