Sugrañes es pintor de realidades. Le basta y le sobra para llegar a un diálogo con el espectador teniendo la belleza como tema. El resto, el resultado final, es consecuencia de una serie de conocimientos y de autoanálisis. Largos años lleva Sugrañes pintando, analizando su obra en busca de conclusiones que le lleven a la máxima expresión pictórica. Y la primera conclusión a la que llegó es la de no renunciar a la figuración como medio expresivo, sabedor que lo objetivo es fuente inagotable de múltiples posibilidades expresivas. Sugrañes no necesita seguir caminos de supuestas investigaciones, renuncia a ello y se enfrenta al tema con limpieza de miras, con honestidad y portador de los elementos necesarios para conseguir su objetivo. Su obra se alza sobre un dibujo cuidado, preciso, captador de detalles. Su composición es precisa –es de los pintores que sabe situarse frente al tema-, elegante siempre. Y luego llega el color, el matiz, el trabajar la materia, el desplegar gamas y tonos aplicados con pincelada insistida y cuidada, para conseguir –que lo logra-, la captación de la atmósfera, del ambiente. Su pintura responde a una necesidad íntima de expresarse, de reflejar su personalidad a través de las vistas urbanas, de paisajes tanto de interior como de la costa, impregnadas de un suave toque lírico, consiguiendo siempre, por encima del tema, mantener su alto nivel de calidad. Se entrega Sugrañes a la pintura con pasión soterrada y sostenida; portador de conocimientos precisos para ofrecernos una obra de gran belleza e intensidad pictórica.
J. Llop S.